Palomas negras

Aquella noche había tenido un sueño terrible. Esos en los que luego no recordamos exactamente que fue… pero sabemos que fue horrible y despertamos con ese sabor amargo, con esa sensación difícil de sentir y de explicar.

_”Ya Rabiii! Ya Rabiii!” (“Mi Dios!!! Mi Dios!!!) Eran las palabras de mi vecina. Sonaban como si, al ser pronunciadas, le estuvieran rasgando alfileres dentro… Como si al pronunciarlas un dolor inmenso la abrazara, pero no tenia mas remedio que hacerlo… Entonces continuaba, como tratando de entender ella misma lo que estaba diciendo… o como si una “fuerza interna” (o debería decir vulnerabilidad?) le dictara cada silaba. Yo conocía ese tono de voz: Era como si las lagrimas salieran también por su boca. Era un lamento profundo, un sonido oscuro.

Al oír a mi vecina supe que la muerte había pasado por allí.

Su marido le había pedido el desayuno y en ese momento su cuerpo comenzó a temblar, como una hoja de papel… entonces se fue. Así de corto como esta frase. Es que la muerte es así de impredecible y burlona. Me cruce muchas veces con ella, nunca de frente, pero nos conocemos…

Que impotencia sentía: el no poder hacer nada y limitarme a abrazar a mi vecina, (en un intento de consolarla o de hacerle sentir que estaba ahí para lo que quisiera) aun sabiendo que quizás era inútil…

No tardo en llegar gente. Envueltos en llanto también… ademas acompañados por la agitación propia de subir apurados cinco pisos por las escaleras… Una mujer cayo desmayada tras subir el ultimo escalón.

Un hombre dejaba caer sus lagrimas en silencio, con la mirada perdida en el estampado de la alfombra… y yo sin querer recordé cosas que ya casi no recordaba… así que deje caer las mías también. Lo feo de la muerte es que sabes que no vas a volver a ver nunca mas a ese alguien que se va… Quizás en sueños o cuando venga a tu mente… pero no sera igual.

La viuda seguía sin abrir los ojos cuando el hombre de los lienzos llego. Entonces todas las mujeres nos metimos detrás de una cortina mientras los hombres se procedían a lavar el cuerpo.

Pero, no es que todos los hombres allí presentes se harían cargo de esta tarea. El encargado de aquella tarea siempre debe ser una persona de confianza para que luego no revele las intimidades físicas del fallecido y ademas de ser de su mismo sexo debe conocer las reglas rituales fúnebres. Finalizado el baño, propiamente dicho, se ducha al cadáver con agua desde arriba hacia abajo, luego sobre el costado derecho y finalmente sobre el costado izquierdo. Lo dijo el Profeta Muhammad : “Quién bañe a un difunto y guarde sus secretos, Dios le perdonará y bendecirá.”

Es conveniente aclarar que la “ablución funeral” (así se llama el baño o ducha que se le da al difunto) no se realiza en el cuarto de baño.

El cuerpo es amortajado siguiendo las reglas. Se ubica el cuerpo sobre los lienzos extendidos, se cubre el lado derecho, luego el izquierdo y cuando esta todo cubierto se ajustan estos sudarios al cuerpo con tela en forma de hilos que se soltaran cuando se deposita el cuerpo en la tumba.

El cuerpo debe ser trasladado lo antes posible, es decir, no hay necesidad de prolongar nada.

Es una ocasión para hacer un examen de conciencia ante el significado de la muerte y el destino final de todo ser vivo. Los musulmanes recuerdan en ocasiones así que algún día ellos también serán los trasladados y rendirán cuentas de sus acciones en este mundo ante Allah.

La incineración o enterrar a un musulmán en ataúd o con elementos de valor son hechos reprobables para el Islam porque siempre orienta hacia lo útil y lo practico. Se supone que todo gasto innecesario realizado para los muertos perjudica a los vivos. Todos los recursos de la tierra están destinados a aquellos que se quedan en ella. El único equipaje permitido sera la obra personal o el peso de sus acciones.

Mientras en la planta baja del edificio se colocaban trozos grandes de tela tradicionales (se usan en las bodas, en Ramadan, etc) y sillas. Vi en ocasiones anteriores que cuando alguien muere es comun cortar la calle con estos trozos de tela y ubicar sillas, pero creo que la viuda prefirio hacerlo dentro del edificio. Todo esto para recibir a quienes quieran honrar al muerto porque este ya se encuentra bajo tierra con la cabeza hacia la Meca.

 

Por la tarde noche vestí mi “abaya negra” y fuimos con Mohamed a la mezquita en donde se encontraban los familiares y seres queridos de nuestro vecino. Al llegar pude ver en la entrada a los varones de la familia recibiendo a la gente, sin mucho mirar me di cuenta de que mujeres y hombres estaban separados. Al entrar en el lugar destinado a las mujeres vi cuatro filas de sillas, estaban enfrentadas… parecían palomas negras posadas en ramas. Confieso que demoré en encontrar a mi vecina pues eran todas las mujeres arriba de los cuarenta, de similar contextura física y vestidas de negro dejando únicamente el rostro afuera… Cuando estuve frente a ella la bese dos veces de cada lado y la abrace muy fuerte. Le dije: _”El bkaa lillah” que quiere decir algo así como “Dios permanece” o “El único que permanece es Dios”. Quizás no eran estas las palabras que hubiera querido usar porque de alguna manera me hicieron recordar al sacerdote que me sorprendió al lado de mi padre en la unidad de terapia intensiva. Me pregunto si era la hija, al conocer mi respuesta me puso una mano en el hombro y me dijo que no debía ser egoísta, que debía dejarlo ir… que Dios sabia porque hacia las cosas… que solamente Dios es eterno. Su presencia, lejos de ser una bendición, para mi en aquel momento era la mas grande de todas las maldiciones porque significaba exactamente lo que significaban sus palabras… Con el tiempo le di la razón.

Dando pasos pequeños volvimos a casa. Pensé en tantas cosas. Algunos dirán que soy una ridícula al fijarme en este detalle pero me llamo mucho la atención: “No haber visto ni una sola vela encendida”. Al preguntarle esto a Mohamed me dijo: “Las velas las usamos cuando cortan la luz”. Antes de enojarme por su contestación pensé que de la misma manera en otros lugares encienden un incienso a manera de ofrenda pero no una vela. Aquí ni una ni otra cosa, pero había aprendido algo… o mejor dicho había repasado una lección ya estudiada…

En realidad para la muerte no hay diferencia religiosa o cultural que valga. Nosotros en la vida cometemos el error de olvidarnos de que el final para todos es el mismo… quizás no de la misma forma pero todos formamos parte de la misma “síntesis”.

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