La mujer y la heroína

Hoy es el ultimo día del mes sagrado de Ramadan. Con el finalizan el ayuno y demás abstenciones pero también las telenovelas, que alcanzan picos altísimos de rating sobre todo en la ultima semana. Durante este mes llegan a transmitirse mas de 60 novelas, pensadas, escritas y producidas exclusivamente para esta época del año. Las telenovelas y series egipcias se caracterizan por, demás esta decirlo, la ausencia de besos y escenas comprometidas, por la corta duración: no mas de 30 o 40 capítulos en los cuales perfectamente inicia, se desarrolla y finaliza una GRAN historia (los guionistas de muchas partes del mundo deberían poner esto en practica y no estirar las historias como chicle, sacando la primera, la segunda y la tercera temporada de historias absolutamente predecibles e insulsas) y ademas se destacan por la presencia de un protagonista, un personaje fuerte que se “roba” la serie…

Yo había prometido en este Ramadan no engancharme con ninguna novela y mantenerme alejada de los dulces pero me resulto imposible (ambas cosas)… El año anterior fue por culpa de Fifi Abdo, este año fue por culpa de Ghada Abdel Razek, quien siempre tiene papeles “jugados”… Debo admitir que estoy enamorada de esa mujer, en el buen sentido de la palabra, la admiro profundamente no solo porque se lo que significa para una mujer egipcia dedicarse al arte, sino porque su desempeño es realmente impecable.

Ghada Abdel Razek

La primera telenovela que vi en donde ella era la heroína, la figura principal, fue “Zohra” en donde se casa cinco veces… por supuesto no al mismo tiempo pero el solo hecho de que una mujer tenga tanto casamiento y tanto divorcio es algo así como escandaloso… Bueno, en esta que finalizo hoy es una abogada muy famosa y le suceden cosas horribles pero al final logra salir airosa con un desenlace no muy feliz pero “vencedor”…

No les voy contar la historia completa pero si resumir el capitulo final: Ella ante una sala de tribunal repleta de gente (jurado, juez, miembros de la corte, abogados querellantes, publico y etc) presenta las bases del caso que involucran a su ex marido… Dirigiéndose al juez con un tono firme, vehemente y por momentos la voz se le quiebra por un llanto que contiene con éxito, señalando al acusado… en fin, la escena no tiene desperdicio.

No pude evitar oír los comentarios de las mujeres presentes… muchos refiriéndose a ella con desprecio y desaprobación, ante los cuales me opuse un poco molesta hasta que una nos hizo callar a todas: “Es una novela nada mas, cierren la boca!”

Las mujeres egipcias aunque, en general, son muy distintas a las mujeres de “la tele” estoy segura de que en el fondo desean un minuto ser aquella abogada que deja muda a una sala completa o aquella bailarina que deleita las miradas o aquella que logra casarse con su amor correspondido…

Finalizado el capitulo se armo el debate femenino entre tazas de te y dulces… (y ahí estaba presente quien les escribe, su servidora)

Suhaila, la mas joven, con una voz tímida dijo que le encantaría ser abogada a lo que su madre le respondió que a ningún hombre le gusta que la mujer hable en tono mas alto que el y que primero termine el colegio antes de “aventurar” su futuro… (En el colegio los nenes y las nenas a partir de la secundaria están separados pero tienen una materia que se llama “hogar” en donde las mujercitas aprenden a cocinar, los mejores tips de limpieza y como manejar una casa, los hombrecitos por su parte aprenden electricidad y algo de plomeria para que ninguna rotura o desperfecto los sorprendan en la ignorancia) Rania salio en defensa de su hermana menor “No tiene nada de malo que quiera ser abogada, nadie podría aprovecharse de ella y deberías estar orgullosa si el día de mañana tu hija es doctora”… La madre sonrió y le dijo: “Voy a estar orgullosa siempre y cuando sean mujeres de bien y no hagan que el techo de la casa caiga en las cabezas de sus maridos!” Rania respondió que no piensa en casarse y que debería alentar a Suhaila en sus ambiciones. Entonces la madre muy enojada le dijo, entre otras cosas, que si su hermana menor quiere desviarse es por su culpa ya que todavía no se cubre con el velo y que lo único que sabe hacer son comentarios libertinos desautorizandola.

La discusión fue subiendo de tono y yo me quería perder bajo la alfombra. Todo termino con el grito de la madre : “Yanhard Eswid! KHALAS!” (El día negro! BASTA!) y Rania dando un portazo… La madre se fue a la cocina y mientras me puse a levantar las tazas para darle una mano, Suhaila me sonrió y me dijo: “Estaba bromeando… dije por decir…” y se quedo mirando la mesa.

Una vez en la cocina me disponía a hablar con la madre, sabiendo que podría decirme: “No opines, bailarina…” pero ella comenzó un monologo lamentándose: “En mis tiempos las cosas eran distintas. Cuando yo era como mis hijas quería ser como mi madre”. En mi mente occidental unos años atrás no hubiera entendido su malestar y su angustia, hubiera estado totalmente en contra y habría apoyado a las hijas sin mas, pero hoy a fuerza de haber escuchado, visto y vivido tantas cosas aquí en Egipto soy capaz de entender ambos lados del ring. Le dije así: “Los tiempos han cambiado mucho, pero el corazón de una madre no cambia jamas porque ese sentimiento va mas allá de las épocas y usted lo único que quiere es que sus hijas sean felices… Ojala puedan encontrar un punto en donde su felicidad y la de ellas se encuentren”. La mujer me dio un abrazo y me dijo: “Magda enty assal! Sukar!” … Si, pensé, con tanto dulce seguro soy miel y azúcar… Ella concluyo que “Inshallah” con la voluntad de Dios así sera.

Me despedí dando las gracias por semejante festín y por haberme abierto las puertas de su hogar. Camino a casa, en la estación del metro, mientras esperaba en la sección donde las mujeres esperan su vagón, pensaba y pensaba… Una vez dentro se me aclararon aun mas las ideas mientras observaba a mi alrededor…

Mujeres en el Metro

Mujeres en el metro

Las mujeres egipcias saben esperar, son pacientes. Las he visto en varias oportunidades ejercer ese don que no tiene cualquiera, porque la paciencia es un don que requiere de mucha practica. Desde mi balcón mientras cuelgo la ropa puedo ver a mi vecina de enfrente todos los días cocinar durante una hora y media, a veces su marido entra a “supervisar” (porque al hombre egipcio le encanta meterse en las tareas que ellos mismos califican de femeninas únicamente para probar que ellos también saben) y cuando lo hace es gritando y moviendo los utensilios con torpeza… Mil veces ante este cuadro me mordía de la bronca al ver a la mujer en silencio oyendo como su marido la llamaba estúpida o retardada… Pero ella sabe que su marido sabe que ella lo hace muy bien y luego la felicita delante de todos los comensales y pide a Dios que bendiga sus manos por haber hecho tantas exquisiteces… Ella lo conoce y sabe que lo mejor es callar y dejarlo DRENAR porque luego viene la recompensa. El quizás necesita entrar a la cocina a gritar un rato para sentirse participe del éxito culinario de su mujer… (Actitud que le dejaría la olla de sombrero con sopa y todo… en otro lugar con otra mujer).

Nagla, Eman y Zeinab  son compañeras de escuela. Nagla comenzó a usar el velo por imposición de su padre y porque tiene miedo de que crean que no es una buena musulmana. Eman lo usa para que no la molesten en casa pero dice que apenas pueda independizarse se lo quitara. Zeinab no usa velo directamente pero día a día sufre las burlas y las acusaciones de compañeras y profesoras quienes la tildan de “mala” por no cubrirse.

Shaima, la vecina de arriba es la mayor de tres hermanas quienes están comprometidas mientras ella permanece soltera esperando que aquel amor algún día note su presencia, se enamore, se case con ella y juntos sean felices… Permanecer soltera aquí es una desgracia… si no estas casada sera porque nadie se intereso en vos todavía y si es así es porque debes tener “algo”… Si el que amas no te ama buscate uno que te ame, porque como dicen las abuelas egipcias: “Debes casarte con el hombre que te ame, no con el que vos ames”.

Muchos hombres por razones de trabajo suelen viajar a otra ciudad e incluso a otro país, pueden demorarse días, meses e incluso años. Las mujeres esperan en casa y cuando ellos vuelven es el día mas feliz y lo reciben con la comida mas rica, frutas y calor de hogar… sin preguntas ni acusaciones acerca de su ausencia, porque si algo sabe la mujer egipcia es “No preguntar algo que sabes que tiene una respuesta que quizás no te va a gustar”. Es común que un hombre egipcio aconseje a su hijo: “Debes casarte con la que va a esperarte” y es común que una mujer aconseje a su hija: “No es necesario saber nada siempre y cuando tu marido vuelva a casa”. Estos conceptos pueden resultar risibles para muchas mujeres que conozco, quienes no esperarían ni media hora a un hombre, pero tienen un valor muy grande. Porque? La mujer egipcia una vez que se casa entrega su cuerpo y alma a su marido… el sera su primer hombre y el padre de sus hijos. El, los hijos y esa casa serán su “todo” y deberá hacer todo lo que este a su alcance para mantener la luz de la lampara encendida en su hogar. Desde perdonar lo imperdonable hasta postergarse ella misma con tal de mantener la estabilidad…

En muchas oportunidades he escuchado comentarios de mujeres occidentales acerca de la mujer musulmana o de la mujer árabe aludiendo que son reprimidas, que no son libres, que son unas gobernadas por sus maridos… Y la verdad es que una gran mayoría es merecedora de estos calificativos pero también hay mujeres egipcias que se comportan como occidentales viviendo en pleno Medio Oriente y se parecen mucho a las protagonistas de las telenovelas y mas audaces aun…

La mujer egipcia musulmana es una mujer paciente, de modales femeninos y sumisos. No son madres… son excelentes madres y dejan todo con tal de hacer sonreír a su familia. Esto en contrapartida les dará la licencia el día de mañana para intervenir en las futuras elecciones de sus hijos, sean de carácter profesional o amoroso… orientándolos en sus elecciones o elegir por ellos si así fuese necesario. La madre es una figura muy respetada y es muy raro que un hijo o una hija desoiga la opinión materna… Y es que en una sociedad en donde el “que dirán” importa tanto, no solo la madre opina, sino el padre y la familia entera… Pero porque importa tanto? Porque en el caso de Suhaila, por ejemplo, ella carga sobre su nombre el nombre de su padre, el de su abuelo y el del padre de su abuelo y así… Entonces no es solo lo que ella hará con su vida, ella es “la hija de”… y su madre es “Om Suhaila” (La madre de Suhaila). En sus tiempos era todo muy distinto seguramente, pero hoy en día la información y el contacto con Occidente hicieron que aquellos tiempos sean eso: “Aquellos tiempos”. Las jovencitas de hoy ambicionan y sueñan mucho mas allá de un marido, los hijos y la casa… No se si quieran ser como Ghada Abdel Razek o como Fifi Abdo, pero quieren algo mas.

Suhaila, Rania, mi vecina de enfrente, Nagla, Eman, Zeinab y Shaima son nombres ficticios de historias reales de mujeres que conozco.

Me tomo algún tiempo entender estas cosas. Confieso que hasta hoy me sorprendo con algunas historias, pero si hay algo que debo reconocer es mi admiración por la inteligencia de la mujer egipcia. Esa capacidad de callar, esperar y esa entrega no la tiene cualquiera.

Ellas pican pepinos y tomates preparando la tradicional ensalada verde mientras ven las famosas “musalsalat” (telenovelas) y se identifican o no con la protagonista… pero ellas son las verdaderas protagonistas y heroínas de su hogar.

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